La crisis por la pandemia

Por Julio Belando

Cómo sobrevivirá el teatro a la crisis provocada por la actual situación de pandemia a causa del coronavirus, es la pregunta que hoy nos hacemos con preocupación casi todos los involucrados, de una u otra manera, en esta entrañable actividad que es la de las artes escénicas, y que sufre su peor crisis global en más de dos mil años de historia. Los teatros fueron los primeros locales en cerrar, aún antes de la implementación del aislamiento social obligatorio, y seguramente serán los últimos en abrir. Y esto es así porque el teatro requiere, como condición esencial de la presencia de público en vivo y se realiza, además, en espacios cerrados.

Broadway, calle famosa por sus fastuosos musicales y el epicentro de la actividad teatral del mundo, bajó el telón de todos sus shows el 12 de marzo a causa de esta tremenda situación y se piensa que, con viento a favor, volverá a abrir recién en septiembre. Mucho más acá, la avenida Corrientes, la que nunca duerme y que concentra la principal actividad teatral del mundo hispano, también apagó las marquesinas tempranamente y nadie sabe cuál será este año la suerte de esas salas que involucran la vida y el trabajo de miles de personas, pero se presume que tampoco volverán a brillar antes de nuestra primavera, mientras se estudia bajo qué condiciones y protocolos.

En medio de este contexto actual de crisis sanitaria global producida por el Covid 19 y sus nefastas consecuencias económicas, los del teatro suenan a datos menores, casi insignificantes. Pero no es para nada menor: Nueva York no sería la misma sin Broadway (la mayor parte de sus ingresos turísticos provienen del teatro y sus clásicos musicales, muchos de ellos, títulos y elencos legendarios ), y Buenos Aires sin la avenida Corrientes, sus grandes salas comerciales, sus salas oficiales de teatro y el enorme circuito de salas del off, que suman alrededor de 300 espacios culturales que la convierten en la ciudad con mayor salas de teatro del mundo, tampoco sería la misma Buenos Aires .

El teatro, por historia y tradición, ha definido siempre el perfil cultural de los porteños y de los argentinos, siendo el mismo parte indisoluble de nuestra identidad. Más allá de ideologías, políticas económicas e infinidad de crisis, censuras varias y malarias, el teatro siempre supo subsistir de todas formas, y en sus más diversos géneros (muchos de ellos surgidos de nuestra propia esencia como el grotesco criollo o el mismo café-concert) y siempre se las ingenió para colarse por vericuetos sutiles o rotundos para hacer más llevadera y entretenida nuestra ajetreada historia como país. Aún en los peores momentos de la historia, como cuando Teatro Abierto levantó las banderas de la cultura y la libertad para luchar contra la peor de las pestes conocidas hasta ese momento, la última dictadura militar. En esos tiempos aciagos, ahí también estuvo el teatro para ayudarnos a sobrevivir.

Por eso es difícil imaginar una Buenos Aires sin teatros, sin el brillo de sus marquesinas y sin la voz de sus artistas, así como los zarateños no podríamos imaginar tampoco una vida cultural con el teatro Coliseo cerrado por mucho tiempo.

El teatro y todas las artes escénicas son un rubro esencial de las industrias culturales de la Argentina, que generan alrededor de 177 mil puestos de trabajo. El teatro, la ficción en todas sus formas -el cine, la televisión, el streaming-, la música, la danza están sumidos en una profunda crisis, una crisis jamás vista hasta ahora en toda su historia y que lo pone al borde del abismo. Difícil de imaginar una salida, cuando aún hay decenas de actividades económicas esenciales que no encuentran forma de adaptarse a los protocolos en los tiempos que se avecinan con lo que ahora se llama la "nueva normalidad".

Pero quiero poner el acento en el teatro para acercarnos a una problemática que parece pequeña en función de las productoras o a las empresas ligadas a la cultura en sí mismas , (porque estas no deben ser más de una veintena y se concentran mayormente en CABA ), pero estas empresas involucran a miles de familias que hoy no tienen trabajo: Y son actores, bailarines, músicos, bailarines, pero también otras caras menos visibles pero fundamentales de la actividad, como los técnicos, sonidistas, iluminadores, camarógrafos, proyectoristas, editores, fotógrafos, maquilladores, peinadores, vestuaristas, maquinistas, diseñadores, escenógrafos, profesionales de prensa, marketing y difusión, sin la mínima posibilidad de ver la luz al final de un camino que parece cada vez más largo.

Desde la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales, como miembro activo y gestor de espacios culturales desde hace varios años, estoy en contacto permanente con todos los referentes de la actividad, con el resto de mis colegas que padecen esta dura realidad y con los demás gremios conexos (Actores, Técnicos, etc.) tratando de contener la situación, gestionando apoyos por parte del Estado en forma de créditos blandos y diferimientos de pago de impuestos, muchos parches pasajeros pero, sobre todo, intentando pensar la vuelta. Una vuelta que será muy poco ortodoxa seguramente y siendo optimistas, en la primavera. Para eso se consulta permanentemente a epidemiólogos y especialistas, que son los únicos que hoy pueden aconsejar. Tendremos que superar la pandemia del coronavirus, pero también la epidemia residual de miedo al contacto social que lógicamente subsistirá en los espectadores, y para eso hay que planificar estrategias y protocolos (bendita palabra del momento) dentro de la "nueva normalidad".

Pero, ¿cómo sería esa "nueva normalidad" para el teatro? ¿Usted se imagina sentado en una butaca a dos metros de otro espectador, o entrando a la sala por un túnel sanitizante o con un barbijo puesto? ¿Y el protocolo de los artistas, de los trabajadores de las salas, de los técnicos? Ciertamente no sería nada confortable una salida recreativa en estas condiciones.

Hay rubros de ficción que se podrán amoldar más rápidamente a estos cambios, pero el teatro, tal como lo conocemos desde la antigua Grecia hasta la actualidad, ¿podrá seguir siendo el mismo? Esperemos que sí, porque el ritual del artista en vivo, del público aplaudiendo no sólo es el medio de vida de muchos, sino una costumbre que nos conecta directamente con nosotros mismos y nos hace crecer como personas. " El teatro no puede desaparecer - decía Henry Miller - porque es el único arte donde la Humanidad se enfrenta a sí misma". Esperemos que siga siendo así por siempre.

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